El cedro rojo.

Esta semana pasada comencé a darle forma a la piel del armario, a revestirlo. Para aligerar la estructura y aportar color he decidido realizar los paneles en cedro rojo cortado al cuarto.

tablones cedro1
Tablones de cedro al cuarto.

Esta madera es ligera y aporta un contraste con la estructura del armario. En principio el cedro al ser una madera blanda no debería suponer mucho esfuerzo a la hora tanto de cepillar como de serrar, pero como nunca nada es lo que parece, no es así. La madera de cedro contiene cristales de sílice, con lo que el cepillado es parecido a pasar la cuchilla por un papel de lija. Esto implica evidentemente tener que afilar y reafilar muy a menudo. Para que os hagáis una idea, las cinco primeras pasadas del cepillo dejan la superficie pulida pero más allá de la quinta en las zonas de madera blanda parece como si en vez de ser cepilladas fuesen aplastadas. De todas formas este cepillado hipermeticuloso solo lo he realizado para dar el acabado de los paneles.

Realizar tantas piezas iguales para mí que soy como las cabras, resulta en un trabajo interior superlativo que realizo como si de una meditación se tratase, realizando movimientos rítmicos intentado acompasar la respiración con los vaivenes de la sierra, los mantras ya los recitan los dientes de la sierra al realizar el corte.

Volviendo al principio, a la realización de los paneles; seleccioné los tablones con corte radial (lo positivo de que este corte no sea conocido es, que siendo este corte el más caro, aquí tiene el mismo precio). Comencé cepillando los tablones de 120 x7,5×15 cm para escuadrarlos y después con el cepillo de entalla y la sierra de bastidor he ido sacando tablas de 1,5 cm de grueso, que una vez regruesadas he encolado para formar paneles de 3 tablas. Podría haber serrado sin realizar primero la entalla pero como tengo que sacar unas 20 tablas quiero asegurar que no lo meto la pata en ninguna. Una vez los paneles están dimensionados les realizo unos chaflanes para encastrar en las acanaladuras de los bastidores. Ha sido “divertido” ensamblar los paneles en la estructura pues hay que encajar 4 espigas y el panel…

En su momento habia pensado realizar la parte trasera con panel y bastidor pero una vez visto todo el conjunto y comprobar que tiene una firmeza extraordinaria sin ni siquiera encolar

Probando tablas.
Probando tablas.

, me he decidido a realizar la trasera con tablas de cedro machihembradas en lugar de otro bastidor y paneles, no solo por ser más sencillo sino por aportar un toque, a mi modo de ver, más actual al mueble así como por ir probando diferentes formas de realizar los muebles.

Para realizar las tablas machihembradas, tras aserrar y regruesar las tablas, estoy usando un antiguo cepillo de machihembrar al que tuve que hacerle una puesta a punto y funciona como la seda. Uno de los problemas de los cepillos de machihembrar es que están hechos para unos grosores de tabla determinados y en este caso las tablas son más estrechas, por lo que realizo más bien un solape de las tablas (no recuerdo como se llama este tipo de machihembrado) y he de rematar uno de los lados machihembrado con un guillame de angulo bajo. Algo que suele hacerse en los paneles formados por tablas machihembradas es achaflanar las esquinas para disimular las ranuras que aparecen con  los movimientos estacionales de la madera, pues estos paneles no van encolados sino unidos a la estructura, en mi caso, con unas espigas

Y ya por fin puedo ver algo más que el esqueleto del armario,  y aunque quede mucho para estar terminado…..esta pieza va cogiendo forma.

Como esta semana he recibido otro encargo creo que voy a ir alternado capítulos del armario con otros del nuevo encargo y como este último es más pequeño seran una o dos semanas. No se como saldrá la cosa de llevar a cabo dos proyectos a la vez, pero todo es probar.

Continuará…..

5 replies on “… de los paneles.

  1. Te esta quedando impresionante, muchas felicidades por este gran trabajo. La union que has mencionado al final para formar los paneles se llama empalme solapado. Creo que es una buena idea lo del fondo machihembrado, a mi me gusta. Y me alegra mucho ver que le estas dando caña a ese nuevo gramil que has comprado 😉

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    1. Muchas gracias Julio por tu apoyo. En un principio mi idea era que todo el mueble excepto la puertas fuese machihembrado. El proximo seguro que es así. Y el gramil se lleva unas palizas de curro que ni te imaginas, pero no se queja nada. Un saludo.

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    1. Muchas gracias Carlos Javier, la verdad es que a mí tambien me gusta mucho la del serrínn, era el acumulado despues de serrar 4 tablas, bueno ese y el todo lo que había alrededor. He leido mucho sobre el trabajo dell cedro americano y todo el mundo recomendaba “lijarlo pues es bastante complicado de dejar bien acabado a cepillo” y supongo que lo que querian decir es que lleva bastante trabao de afilado de cuchillas. No me imagino lijando el polvo “toxico” que se debe desprender. Bueno no me enrollo más. Un saludo y nos vemos por Madrid.

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      1. Claro Isra lo aparentemente fácil es recurrir al lijado.Desde mi forma de ver las cosas lo autentico es lo que tu haces,cepillado por muy rebelde que se muestre la madera.

        Supongo que la siguiente historia ya la conoces,pero ahí va

        Había una vez un leñador que se presentó a trabajar en una maderera. El sueldo era bueno y las condiciones de trabajo mejores aún, así que el leñador se propuso hacer un buen papel.

        El primer día se presentó al capataz, que le dio un hacha y le asignó una zona del bosque.

        El hombre, entusiasmado, salió al bosque a talar.

        En un solo día cortó dieciocho árboles.

        -Te felicito -le dijo el capataz-. Sigue así.

        Animado por las palabras del capataz, el leñador se decidió a mejorar su propio trabajo al día siguiente. Así que esa noche se acostó bien temprano.

        A la mañana siguiente, se levantó antes que nadie y se fue al bosque.

        A pesar de todo su empeño, no consiguió cortar más de quince árboles.

        «Debo estar cansado», pensó. Y decidió acostarse con la puesta de sol.

        Al amanecer, se levantó decidido a batir su marca de dieciocho árboles. Sin embargo, ese día no llegó ni a la mitad.

        Al día siguiente fueron siete, luego cinco, y el último día estuvo toda la tarde tratando de talar su segundo árbol.

        Inquieto por lo que diría el capataz, el leñador fue a contarle lo que le estaba pasando y a jurarle y perjurarle que se estaba esforzando hasta los límites del desfallecimiento.

        El capataz le preguntó: «¿Cuándo afilaste tu hacha por última vez?».

        -¿Afilar? No he tenido tiempo para afilar: he estado demasiado ocupado talando árboles.

        Jorge Bucay, Déjame que te cuente.

        Nos vemos Isra.

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